México: ajuste de cuentas

14 Ago

Tras casi tres meses de viaje en México, y a dos días de volar a un nuevo país, toca hacer balance de todo lo vivido y aprendido. Es la entrada que más me está costando escribir, pero también en cierto modo a la que le tengo más ganas, por tratar de asentar en mi cabeza todo lo que llevo pensando hace semanas; me siento como en el colegio, cuando tenía que escribir un comentario de texto de una obra que no había entendido del todo bien y trataba de salvarlo como fuera.

En primer lugar, y aunque suene innecesario para muchos, diré que no voy a tratar de hacer una descripción de los mexicanos, ni de su cultura o de su país, sería absurdo: simplemente quiero poner en orden las experiencias que he tenido, lo que he leído y las impresiones, siempre personales, que todo ello me ha aportado. Como sabéis, me han pasado cosas muy buenas y otras regulares.

También espero no decir que México es un país de contrastes, aunque ciertamente no le falte razón a esta manida afirmación. Pero quién sabe, puede que incluso termine siendo la conclusión de la entrada.

Vamos allá, pues.

México es, sin duda, un país acojonantemente bonito. Soy incapaz de recordar alguna estampa que no me haya gustado. Todas las ciudades y pueblos que he visitado son preciosos, incluso los que he visto de pasada desde el autobús. Me cuenta Marco que aquí se dice que cuando Dios creó el mundo, fue poniendo cosas por todos lados… hasta que le quedó hacer México. “¡Chinga! ¿Y ahora qué le meto? Pues venga, tantito de todo”. Y así es, México tiene DE TODO: extensos desiertos, insondables selvas que cubren vestigios desconocidos de civilizaciones prehispánicas, coquetos pueblos perdidos en la sierra, playas de arena y agua cristalina de las que no os querríais ir nunca jamás, inmaculadas ciudades coloniales e impresionantes y enigmáticas ruinas que dejan mudito al que las observa. Al parecer en el norte del país hay hasta pistas de esquí, para quien guste romperse una pierna. El DF cuenta además con algunos de los mejores museos del mundo: Antropología, Bellas Artes y el Palacio Nacional.

Tiene todo lo necesario para pasar unas buenas vacaciones. En mi caso he disfrutado mucho con las ruinas: Teotihuacán, Uxmal, Kabah, Ek-Balam, Chichen Itzá, Tulum y Cobá. Palenque, que sigue siendo mi preferida, la conocí hace seis años. Si pudiera regresar a algún momento histórico, estoy segura de que sería éste; en concreto, me volvería loca saber cómo fue la gran Tenochtitlán, donde hoy está el DF: ciudad sobre un lago que dejó de piedra a Hernán Cortes.

Creo que los mexicanos, como ya he dicho en varias ocasiones, son muy hospitalarios y fiesteros, hasta el punto de que hasta la muerte les resulta un buen motivo de parranda. Te abren las puertas de su casa y les encanta contar interminables historias y hacer bromas – el DF es conocido por su albur, en el que juegan continuamente con las palabras y su doble sentido para provocar la risa. Es, pues, un país ideal para viajar sola, pues nunca te va a faltar alguien que se interese por ti y te dé conversación.

Y es además un destino perfecto para viajar sola porque es un país seguro. Sé que algunas de las cosas que he contado pueden dar lugar a que no os lo creáis, pero así es. La máxima es: “si tú no te metes en problemas, no te pasa nada”. Por descontado, esta frase chirrió incansable como un resorte raído en mi cabeza tras mi aventura con las travestis; pero como también dije, me pasé de curiosa y, por lo tanto, pagué las consecuencias. Hay cosas que es mejor no conocer. Es como si voy a Madrid y visito Las Barranquillas, pues mira, mejor no. Sin embargo, ya con la lección aprendida y a toro pasado, es una experiencia más, y hasta puede que me sienta un poquito halagada.

Dicho esto, también creo que si te quieres meter en problemas, México es el sitio perfecto. A lo largo de este viaje, y gracias a viajar sola, he conocido a muchísima gente de todo tipo: en su gran mayoría, gente muy amable y educada, personas orgullosas de su país que se mostraban abiertamente felices de que no tuviera miedo y viniera sola a conocerlo; pero también, y en un principio no contaba con ello, he conocido la otra cara de México: buenas personas que en su pasado estuvieron ligadas al crimen organizado y que tuvieron que salir escopetadas para no terminar con un tiro de gracia en la frente.

Historias oídas, que no vividas, y que no entrañaban pues peligro alguno para mí, pero que no dejan de hacerte ver que, tras esa máscara de parranda y risas, este país tiene otra cara más seria y peligrosa a la que hay que respetar. Y en la que no hay que meterse nunca jamás.

Tras conocer algunas de estas truculentas narraciones, que desde luego no saldrán de mi boca salvo quizá en mi círculo más íntimo, entré en una librería con la idea de comprarme un libro sobre el narcotráfico. Me había quedado demasiado consternada con todo lo que me habían contado, era como vivir una película; pero sobre todo me quedé preocupada con lo fácil que era meterse en ese mundo.

Su autora, Anabel Hernández, es una alabada y premiada periodista de investigación aquí en México. Lo recomiendo a cualquiera que esté un poco interesado en el tema, o a fans de series tipo The Shield y Breaking Bad. Leyéndolo, no se da crédito de hasta qué punto los narcos controlan a gran parte de los dirigentes municipales, estatales y federales del país. Y, por tanto, al país entero. Valga como ejemplo el caso de la “fuga” de El Chapo de la cárcel en la que cumplía condena antes de tornarse un mito nacional: queda demostrado en el libro, e incluso corroborado por el mismo capo, que fue ayudado en su huida por altos cargos de la Policía Federal. La misma policía por la que fue encerrado. ¿El motivo? Os lo leéis, que es muy largo de explicar.

Y es que no sé cómo será en otros sitios, pero por lo vivido y leído, queda bastante claro que aquí el crimen organizado es el dueño y señor del país. Sólo hace falta levantar la mano y tener el valor de robar, secuestrar o matar para que te metas de lleno en él a cambio de un sueldo más o menos razonable. Oferta hay para todos y demanda, por muchos motivos, no falta, señores.

Uno de los motivos, creo, es la educación. Todos los que me contaron historias de este tipo tenían en común que no habían estudiado. Desconozco cómo será el sistema educativo aquí en México, si es bueno o no. Pero el caso es que todos ellos habían dejado sus estudios a temprana edad. Y aquí, si no estudias, lo tienes mal para tener un salario decente, porque incluso los licenciados están mal pagados. Todos ellos tenían también en común que provenían de familias en las que se alaba la fuerza y el honor: en suma, al macho mexicano. Para ellos lo más normal era pues trapichear. Y aquí es sencillo. Y rentable.

Creo que la educación influye también de manera decisiva en el machismo que tanto me ha molestado. Todos ellos veían a la mujer como un objeto, al que primero conquistar, para acto seguido dominar y pisotear. De una manera leve, quizá, pero a la vez bastante contundente. De la educación y el machismo, también derivan las peleas – al macho mexicano le vuelve loco una buena pelea, cualquier motivo es bueno para, de nuevo, dominar a su contrincante – y las infidelidades –puede, e incluso diría que debe, tener cientos de mujeres; no así sus parejas, claro.

Como comenta Anabel Hernández en el libro, casi todos los capos del narcotráfico están cortados por este patrón: seres primitivos sin estudios que se dejan llevar por sus pasiones, por el honor y el dinero fácil, con el objetivo de terminar siendo el que tenga más mujeres, más huevos, el más inteligente, el más chingón.

El propio Chapo, uno de los hombres más ricos del mundo y al que todo el mundo describe como inteligente y retorcido, pero también encantador en su trato, nació en una familia campesina y pobre del Norte de México; su padre se dedicaba a la siembra de la amapola, de la que se extrae la heroína, y tanto él como sus hermanos dejaron la escuela para ayudarle en el campo y así sacar más dinero. La primera vez que fueron a venderla a la ciudad, decidió que se dedicaría a eso, pero a un nivel más ambicioso: la compraría y la distribuiría.

Se dice que los niños en el Norte, cuyas familias siguen viviendo de esta siembra, juegan a ver quién será el próximo Chapo. Es lo que les queda, con lo que les dejan soñar: honrar a sus familias siendo respetados, ricos y deseados, o ser pobres y débiles.

El narco no sobreviviría de la manera que lo hace sin políticos y policías comprados: ya sea por sacarse un sueldo extra o porque son extorsionados por los diferentes cárteles. Sin ganas de meterme en política, porque no he leído apenas nada y no estoy enterada, sólo apuntar que en el libro, escrito en 2010, se nombra a Peña Nieto tres veces: las tres, sorprendentemente, es gran amigo y aliado de lo peorcito del este mundillo.

La sensación final del viaje es, por tanto, un poco agridulce. Y es agridulce porque me da mucha pena que un país tan bonito y con tantos recursos naturales, que podrían explotarse de manera legal, y cuyos habitantes por lo general son tan generosos, divertidos y hospitalarios, esté lacrado por un negocio tan sucio, pero a la vez tan rentable, como el de la droga (y sus derivados, como la trata de blancas… ¡jarl!).

Es una realidad del país que de primeras no me esperaba encontrar. Yo venía a hacer turismo, comer tacos y tirarme en la playa. Pero, a la vez, no puedo estar más agradecida y contenta de que me hayan dado la oportunidad de conocerlo un poco más como es en realidad, aunque eso conlleve haberme llevado algún mal rato que otro. Me parecería un pequeño fracaso haber estado aquí tres meses e irme sin historias turbias que poder contar en una cena en España. Al final, tengo unas cuantas.

Han sido tres de los mejores meses de mi vida. Volvería, y seguro volveré, mil veces. Como me ha dicho Marco: “México es tu trampolín a Sudamérica, todo lo que has conocido te va a servir mucho”.

Y estoy segura que así será.

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4 comentarios to “México: ajuste de cuentas”

  1. Jose montoya 16/08/2012 a 9:09 am #

    Hemos leido tu cronica mummy and I, y nos alegramos de que estes bien. feliz viaje a Bogota. Besos

    • diariosdemamarracha 17/08/2012 a 10:07 pm #

      ¡Papis! ¡Ya estoy en Bogotá!

      Y las cosas no pueden ir mejor, aunque sólo lleve un día. Esto está tan alto que casi casi se pueden tocar las nubes, y mi anfitrión es muy majo y me está haciendo de guía estupendamente bien.

      Os llamo muy pronto. Os quiero, ¡mua!

  2. Neus 02/09/2012 a 4:24 pm #

    Arti….sta! Per vacances feia temps que no et llegia…. mmmmm, qué gozada 3 entrades seguides! Voy a por colombia! Nena, ojito! Lo q no mata engorda, y cuentalo de tant en tant al 96 valencia! Ptns neus(BCN)

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