Haciendo amigos

28 Dic

Tras repasarme la costa colombiana más que el Cuore un miércoles y hacer algunas de las cosas más inútiles de mi vida (véase perder el tiempo en Taganga, ser chacha o vender tortillas), decidí, en un destello de lucidez, mudarme a la capital colombiana y abrirme camino en ella.

El primer contratiempo se me presentó cuando me di cuenta de que no tenía amigos.

“Tengo que hacer amigos”, pensé.

No le tenía mucho miedo al tema, hasta que me ocurrió la escalofriante anécdota que ahora, sin pudor alguno, paso a contaros.

Como empiezan muchas de mis historias, estaba yo borracha en una fiesta. Bueno, borracha-borracha, tampoco. Animada. Sin tambaleos. Y con la mente más o menos lúcida.

Me dirigí a esta fiesta con Javier, y según me contó se trataba de gente posicionada en el medio: diseñadores, arquitectos, fotógrafos… Un ambiente probablemente propicio para poder hacer algún contacto, o incluso amigo, y venderme un poco.

Para comprobar mi estado de ebriedad y asegurarme de que no iba en ese punto en el que te crees sobria y vas ciega, hice la prueba de ponerme el dedo en la nariz y subir una pierna. Lo hice bien, con bastante soltura, aguantando unos cinco segundos.

La cosa marchaba, amigos.

Le pregunté, sonriendo como el gato de Cheshire, si tenía restos de comida entre los piños, algo que impediría claramente que me tomaran en serio; al parecer no solo no había indicio alguno del festín que nos habíamos dado, sino que resplandecían como lo haría Paul Newman entrando en vuestro salón, suplicándoos sexo.

Paul Newman en sus años mozos, no actualmente, claro.

¡Ay, Paul Newman, Paul Newman! Ppppfjjjghhhhh

¡Ay, Paul Newman, Paul Newman! Ppppfjjjghhhhh

¡La cosa marchaba!

Entramos en la casa y la gente parecía maja: nos invitaron a cerveza, todos estaban borrachos, pero vestidos, y nadie esnifaba pegamento.

Tras las presentaciones iniciales me quedé sola, así que decidí abrirme una cerveza y sonreír, a ver si se me acercaba alguien. Como esta elaborada táctica no dio resultado, pensé fingir un desmayo para llamar la atención. Era una opción muchísimo mejor que la otra que tenía en la que simulaba un robo; ésta la descarté rápidamente porque podría haber provocado algún que otro malentendido con los demás invitados a la fies.

Tras desechar la idea del robo y del desmayo, decidí simplemente entrarle a piñón a la pareja que tenía más cerca. Esta pareja estaba formada por un chico y una chica: un chico con pinta de vivir en Chueca con su perro y una chica como modernita, muy mona. “¡Oh yeah, un marica y una mariliendre… si no encajo aquí no encajo en ningún sitio”.

Éste era un poco el rollito

Éste era un poco el rollito

Con la certeza de haber encontrado a mis dos nuevos mejores amigos colombianos, me acerqué a ellos y les lancé un contundente: “Me gusta vuestro rollo”. Sí, amigos, la necesidad y el alcohol te llevan a decir cosas como ésta sin ninguna vergüenza.

Ellos sonrieron y me preguntaron, bonicos: “Gracias… ¿y cuál es nuestro rollo?”. Una pregunta directa, al grano, a la que contesté sin dudarlo ni un segundo: “Bueno, tú eres CLARAMENTE gay… Y tú – mirando a la chica – pues NO SÉ”.

Tras esta tajante afirmación, y todavía pensando en todos los planes que haríamos juntos a partir de ese momento, veo que a ella se le descompone la cara en un puchero; le miro a él, que responde a mi mirada de idiota con una cargada de rabia, mucha rabia, hasta diría que mortal, y me contesta: “Pues no… somos PAREJA”.

“Aaaaaaah, mira tú…”, esbocé, mientras me alejaba hacia atrás, ahora con una nerviosa y torpe risita. Así me fui, pasito a pasito, reculando como debería haberlo hecho con palabras, pero sin saber qué decir: ellos se fueron haciendo cada vez más pequeños, pero sus caras no cambiaron ni por un instante: la de ella, la de ponerse a llorar en cualquier momento; la de él, la de querer estrangularme.

Y tras romper una pareja y darme cuenta de mis pocas habilidades sociales, sólo tengo una cosa que decir: si conocéis a alguien en esta ciudad, espero su contacto en comentarios.

Gracias, muy amables.

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6 comentarios to “Haciendo amigos”

  1. carmenzita 29/12/2012 a 10:45 am #

    Revisa tu facesbook, tienes un contacto mío de mi amiga Sandrita. Ella te pondrá en contacto con nuevos amigos, claro esta, que estos nuevos contactos con tacto has de tratar. Jajaja! Que grande eres!

    • diariosdemamarracha 04/01/2013 a 3:07 pm #

      ¡Cierto, nena! Me he repasado el facebook y ahí está! Le mando un mail nada más llegue a Bogotá… ¡te mando un beso, cerdi!

  2. Agli 05/01/2013 a 4:40 pm #

    ay mi gatita de chesire…tan torpeciusa mi amor!!

  3. Un cualkiera 10/01/2013 a 4:33 pm #

    Artemisis!! Te echo de menos…
    Día especialmente triste, así q lo voy a celebrar esta noche poniendome como una burra a vuestra salud, hasta q pierda el conocimiento. Menu xa la cena: un “pollo” al horno y de postre jugoso cocktel de “setas”, todo ello aderezado con las mejores “hierbas” digestivas. Te apuntas?
    Te kiero mucho! Cuídate y se feliz.

    • diariosdemamarracha 10/01/2013 a 4:43 pm #

      Mi nene… sí, un día MUY difícil. Mi menú consistirá en mucho vino blanco, pizza y queso. Sus favoritos.
      Te quiero, amor, y también te echo muuuuucho de menos.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Puesta al día: llegada a Ecuador | Diarios de una mamarracha - 02/04/2013

    […] momento así están las cosas por aquí, haciendo amigos nuevamente. Pero esta vez muy contenta, con trabajo, casa y nuevos proyectos en […]

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