Colombia: el riesgo es que te quieras quedar (1)

21 Ene

Tras cinco meses aquí, creo que ha llegado el momento de hablar de Colombia. Esta mañana en la cama, pensando sobre qué escribiría en el blog, me he dado cuenta de que apenas os he contado nada del país. Sí, os he descrito diferentes anécdotas, os he hablado de Taganga y de un señor alemán, de que trabajé de chacha, pero poco más. No ha sido como con México, donde – creo – sí traté de expresar mejor lo que me parecía… o al menos como me hacía sentir como visitante – el guía que me tocó las tetas, mi historia con las travestis, Zihuatanejo… me parece que son entradas que dan a entender problemas que tiene el país – .

“¿Y eso por qué?”, me he preguntado mientras me duchaba – como veis, llevo una vida trepidante –, “¿por qué tanta diferencia entre lo que contaba de México y lo que cuento de Colombia?”.  Más allá de que una entrada analítica requiera más reflexión que otra simplemente descriptiva, creo que se debe a que la naturaleza de los países es muy diferente.

Os voy a poner un ejemplo algo choni, pero que creo que servirá para entender la situación: en este ejemplo México sería como el novio cabrón que te da mala vida, y Colombia el bonico con el que estás encantada y todo va bien. Mientras que el novio cabrón te hace darle mil vueltas a las cosas y aburrir a tus amigas con situaciones e historias para que te apoyen y te comprendan, con el novio bonico todo marcha, y cuando te preguntan que qué tal, tú sólo respondes: “Muy bien, muy bien, es tan encantador…”

Así es como siento los dos países: con México, a pesar de que lo adoro, hay que andarse con ojo; con Colombia, una simplemente se relaja y disfruta.

Hoy estoy hilando fino, fino, ¿eh?

Pero en realidad me parece muy injusto, así que vamos a darla al novio bonico lo suyo. Ya vale de que, por no dar problemas, esté siempre en la sombra: lancemos todas sus virtudes al aire. Y más cuando este bonico tiene mala fama entre tus amigos por su pasado cocainómano…

Hagámoslo, además, en diferentes entradas, que si no esto va a ser un coñazo.

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Colombia, el riesgo es que te quieras quedar: Éste es el claim de la campaña turística del país, y creo que está muy bien y es muy acertado.

campana1

¿Y cuáles son los motivos que podrían hacer que te quisieras quedar? Vamos a verlos:

  1. Los colombianos.

Se dice que en los viajes la diferencia la marcan las experiencias y las personas que conoces, algo con lo que no puedo estar más de acuerdo. Creo que, más allá de visitar sitios y monumentos, que muchas veces se parecen entre sí y por tanto se terminan olvidando, de eso se trata viajar: conocer la cultura desde dentro, hablar con la gente y que te enseñen cómo funciona su país. Abrir la mente, aprender, entender que hay otras maneras de vivir, y decidir qué te gusta más. Por lo menos, para mí, así es mucho más gratificante… por eso viajo tan lento.

Colombia en ese aspecto tiene mucho ganado, y por eso es, junto a Brasil, uno de los países predilectos por los mochileros que se cruzan toda Sudamérica: los colombianos son encantadores, amables y educados. Al primero que conocí fue a Javier, mi anfitrión bogotano, el perfecto y educado colombiano del que ya os hablé en su día. Los demás, si quizá no todos han conseguido estar a la altura, que es mucho decir, sí han superado el examen con nota.

Me sigue pareciendo impresionante lo mucho que desean – y por tanto consiguen – que conozcas su país y que te guste. En esto creo que también influye que quieren, y con razón, quitarse su mala fama ante el mundo y que además hace poco que están abiertos al turismo; ya veremos si les hace tanta gracia en veinte años. El caso es que, de momento, quien lo visita se siente arropado, querido y bienvenido.

Aquí os van dos anécdotas sobre este punto:

a)      Estaba yo desayunando en un café de San Gil, cuando un señor de mediana edad, que me debió de oír pidiendo la comida, se me acercó y me preguntó si era de España. Le dije que sí y me comentó, todavía de pie, que justamente estaba leyendo un artículo sobre la crisis. Tras unos minutos de cháchara, me pareció tan majo que le invité a sentarse conmigo. Se llamaba Paco, era biólogo, y simplemente quería conocer un poco mi historia: saber por qué estaba en Colombia, si me estaba gustando, etc. Le conté de todo y me escuchó con una sonrisa. Él me habló de cosas que podía hacer en San Gil, me recomendó varios hostales baratos donde quedarme, pagó la cuenta y después se despidió con un (literal, porque lo apunté en el cuaderno): “Bienvenida a Colombia. Seguro este país te va a acoger como te mereces”. Y se marchó. Sin pedirme el teléfono ni nada. Sólo por el placer de hablar con una extranjera, conocerla y lograr que se sienta acogida en su país. ¿Se puede ser más amable que eso?

b)      Estaba en Villa de Leyva, visitando el Museo Casa de Antonio Nariño, un militar que luchó por la independecia de las colonias americanas, y al ser temporada baja era la única visitante. El museo era gratis y una señora encantadora me explicó cada pieza que contenía. A mitad de la visita apareció su hijo, un niño de unos seis años, que me miraba sin cesar y con el que me puse a hablar en cuanto su madre terminó la exposición, porque echo muchísimo de menos a mis sobrinos. A la salida, todo bonico, me intercepta y me pregunta que qué voy a hacer. Le digo que mi plan es visitar el pueblo y me pregunta que si me puede acompañar. Le digo que claro.

No me invento nada, este niño existió

No me invento nada, este niño existió

Este niño se pasó conmigo dos horas en Villa de Leyva, enseñándome cada esquina y siendo todo el rato encantador. Yo, con mi mentalidad de primer mundo, pensaba: “Ay, luego me pedirá pasta o algo”. Pues no sólo no hizo eso, sino que le pregunté si quería tomar algo y me dijo que no. El niño me acompañó sólo por enseñarme su pueblo y hablar conmigo. Cuando le dije que era de España, muy mono me preguntó que si eso estaba en Perú.

“Pero era un niño”, diréis, “los niños son así: bonicos y entusiastas”. Pues yo no me he cruzado con otro igual. Estaba bien educado, por padres muy seguramente también correctos, amables y abiertos.

¡¡Y por hoy ya está, amigos!!

¿Os habéis quedado con ganas de más? Más razones por las que quedarse – el país, su retórica, la cocaína y mucho más – , en próximas entradas.

Últimamente no me pasan muchas cosas, dejad que alargue lo poco que tengo que ofreceros.

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4 comentarios to “Colombia: el riesgo es que te quieras quedar (1)”

  1. Laureta 21/01/2013 a 6:38 pm #

    me estoy viciando a tus desventuras,nena….un beso grandote

  2. Pilar B 22/01/2013 a 11:32 pm #

    Llegar a casa y encontrame con un post así de bonito sobre mi país…
    Estos so los detalles encantadores que dan “morriña”, Gracias Arti, por ver a Colombia con esos ojos tan dulces ☆

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