Archivo | febrero, 2013

Mayita, mi nueva compañera de viaje

28 Feb

¡Amigos!

Tengo tantas cosas que contaros que estoy estresada; son tantas que se acumulan y se quedan desfasadas, tanto o más que los tamagotchis o la absurda moda de colgarse pequeños chupetes de colores al cuello. Desvaríos ornamentales que, por otro lado, fueron creados seguramente por una mente degenerada. ¿No os parece muy obsceno? Niñas de senos incipientes jugando a ser bebés con esas cosas que pendían de sus cuellos. ¿Me seguís o no? Estoy sola en esto, ¿verdad?

Ahora ya en serio, siento mucho la dejadez, pienso cada día en escribir, pero es imposible sacar tiempo por un motivo que me pone muy contenta: en estos días he recibido mi primera visita como emigrante: la excelsa Mayita, respetada, amada y en algunas ocasiones incluso temida por todo aquél que la conoce bien, ha pisado tierras colombianas. Y la quiero exprimir a tope.

Como abanderada de mi patria y mi familia, ha aterrizado en Colombia a sus 74 años, dejando todo prejuicio  a un lado, incluso hasta el más común: aun habiendo volado trece horas hasta aquí, se empeña en no probar la farlopa y, cual jefa de la DEA, me ha hecho tirar por el retrete unas pepitas que tenía compradas, pesadas y preparadas para que ingiriera horas antes de su vuelo a Madrid. Un encarguito de nada que se niega a hacerme, a pesar de explicarle lo fácil que es: “Mayita, tú piensas que es Nochevieja… te ponemos las campanadas si quieres, y te tragas las doce uvas de la suerte, pero sin masticar”. Pero nada, nada, que dice que no, que pasa. En fin. Tampoco la podemos obligar. ¿NO?

Para quienes no la conozcáis, podéis ver este corto de mi hermano en el que hace de una ciega racista, o leer estas breves pinceladas de su vida, que espero os sirvan, oh queridos lectores, para entrar en materia y empezar a conocer a la fascinante mujer que tenemos entre manos:

–          Mayita es médico patóloga, soltera y sin hijos. Es la madrina de nacimiento de mi hermano, la de confirmación de mi hermana, y la mía de amor.

–          Llegó a nuestras vidas mucho antes de que naciéramos porque era amiga de mis padres; en concreto de mi padre, pero supo ganarse a mi madre, y no se ha separado de sus vidas, ni de las nuestras, desde entonces.

–          En mi adolescencia Mayita me llevaba por las tardes al conservatorio y se pasaba una hora entera encargando cosas por el barrio – sábanas, clases de inglés, APARTAMENTOS – , con el único afán de  divertirse. Al día siguiente lo anulaba todo porque “su suegra se había enfadado con ella” o “porque su marido no le daba el dinero”.

–          Siguiendo en esta línea, cuando está muy aburrida o estresada por algo hace “cretinás”, como ella las llama: por ejemplo irse al Corte Inglés, abrir una caja de galletas en el supermercado y repartirla entre los clientes, como cortesía de la empresa. O como otro día, en el que iba por el metro de Madrid, vio que llevaba un sobre en el bolso y decidió sacarle provecho: sin vergüenza alguna le preguntó a un señor, leyendo en voz alta el cartel de “Correspondencia con línea x”, que dónde es que se tiraba la correspondencia, que ella tenía una carta urgente y no encontraba el buzón. El pobre señor la acompañó hasta el más cercano.

–          Cuando empecé a hacer las primeras fiestas en mi casa, mis padres se iban al pueblo y  ella se quedaba vigilando. La titi se unía a la verbena, apuntando sabiamente con qué debíamos mezclar los diferentes alcoholes que tomábamos, como médico que era, para que no nos sentara mal.

–          Tuve un novio al que decidió llamar Cantinflas por su vello facial. No a sus espaldas, a su puta cara: “¡Hola, Cantinflas! Eres igualito a Cantinflas, ¿eh? Mario Moreno Cantinflas, ya sabes quién es, ¿no?”. Y al pobre no le quedó otra que reírle la gracia y preguntarme si cambiaría algo el afeitarse. Por supuesto le dije que no, que el mote de Cantinflas, mal que nos pesara, era del todo inamovible.

¿Nos hacemos una idea de Mayita? Yo creo que sí, pero por si no ha quedado claro del todo, es muy lo más, la adoro y no puedo estarle más agradecida de que haya venido a verme. Hay veces en las que lía unas que me muero de la vergüenza, pero definitivamente la vida, desde su punto de vista, es mucho más divertida.

En estos días han pasado muchas cosas: Bogotá, el Festival de Cine de Cartagena – al que nos acreditamos con el blog, al que hasta hace poco llamaba Diarios de una mochilera/macarra -, Harvey Keitel y Paul Schrader, Medellín y mucho Pablo Escobar. Todo os lo contaré a su debido tiempo, que ella todavía está aquí.

De momento, os dejo con unas imágenes a modo de aperitivo.

Mayita aguantando el tipo como una campeona en un hostal de mochileros.

Mayita aguantando el tipo como una campeona en un hostal de mochileros.

Nos vamos de inauguración al Festival acreditadas con Diarios de una mamarracha

Nos vamos de inauguración al Festival acreditadas con Diarios de una mamarracha

Llegada de Harvey Keitel, al que Mayita recibió con un "está muy mayor, ¿eh?"

Llegada de Harvey Keitel, al que Mayita recibió con un  “está muy mayor, ¿eh?”

Mayita ligando en el happy hour con un colombiano, que, según sus palabras, "está de buen ver, ¿eh?", pero qué fatalidades del destino, resultó estar casado

Mayita ligando en el happy hour con un colombiano, que,  en sus palabras, “estaba de buen ver”; fatalidades del destino, resultó estar casado

Mayita fascinada con la clase magistral de Paul Schrader

Mayita fascinada con la clase magistral de Paul Schrader

¡Seguimos en breve!

Anuncios

Señoras colombianas que bailan disco

10 Feb

Os presento a mis compañeros de piso. No puedo ser más fan.

Conversaciones colombianas

8 Feb


1

señor solo (2)

MAH02305-1 (2)

MAH02305-2 (2)

MAH02305-3 (2)

MAH02304-1 (2)

Colombia: el riesgo es que te quieras quedar (3)

6 Feb

[Antes de empezar, quería deciros que si me he demorado tanto en escribir esta última entrada, cuya tardanza sé que os ha llevado a un nivel ansioso de quitaros el sueño, es porque actualmente el proceso de paz con las FARC se está viendo entorpecido por una serie de secuestros y pequeños atentados que ha habido en el país. Quería ver si se solucionaba – optimista de mí – y podía ofreceros algún tipo de balance político. Me parecía apropiado para terminar la entrada con los problemas que, también, presenta Colombia. Como no ha  sido el caso, he decidido publicarla y dejar ese tema para más adelante.]

Ahora sí, sigamos con las cosas que podrían hacer que alguien quisiera quedarse en Colombia:

5) Las drogas

Y con este punto sé que, tras ocho meses de anodinas entradas en este vuestro blog, por fin capto la atención y estimulo las pupilas de algunos de mis lectores más trasnochados: sí, amigos, en Colombia hay drogas. Y además es de lo poco que es realmente barato. He aquí una guía de precios para que no os timen cuando vengáis de visita y queráis comprobar si la realidad colombiana está a la altura de su mito:

El precio medio del gramo de coca está a 7 euros. Y al parecer si tienes los contactos adecuados, te lo dejan en 5 – ¡ponme 6! -. Es fuerte, da taquicardia, incontrolable agitación de mandíbula y muchas ganas de aburrir a vuestros amigos con mil mierdas, así que si os animáis a probarla, hacedlo con tiento.

El precio de la marihuana oscila según su calidad: la más normal es muy barata, puedes conseguir hasta diez gramos – una buena bolsa – por un euro. Si ya lo que quieres es algo más fino y selecto, el precio es de a euro el gramo aproximadamente.

En cuanto a alucinógenos, lo que se lleva por aquí son los ácidos, el LSD, a 5 euros el cartón. Que al parecer, y sobre todo si es la primera vez, con medio ya vas. Si lo que queréis es esto, amigos psicodélicos, tenéis que preguntar por trips.

Los hongos los puedes encontrar alrededor de cualquier boñiga de las muchas vacas que pastan sueltas por los pueblos. Es ahí donde crecen: sólo hay que pasear un poco por el monte, arrancarlos y lavarlos. ¡Cuelgue gratis!

Éstas son las drogas más normales por aquí, con denominación de origen 100% colombiana, como las arepas; si queréis MDMA, éxtasis, etc. tendréis que aumentar el presupuesto y rascaros el bolsillo, que eso viene de ultramar y ronda los 50 euros.

Total, que haber drogas, haylas, pero no os creáis que te acosan ofreciéndote. No obstante, si las quieres, tienes lo que quieras. Y, al parecer, con una facilidad que hasta da un poco de vértigo.

6) El baile

En Colombia casi todo el mundo baila. Como os conté aquí, por lo general se seducen bailando. Ya puedes ser un genio del humor, que si no bailas bien, lo tienes regular. Uno de mis entretenimientos favoritos cuando salgo, además de imitar a Shakira, es observar las formas en las que se menean, algunas de las cuales rozan lo pornográfico. El pimpam de Terelu y Pipi – sí, lo sé, de nada por esta imagen hasta ahora debidamente olvidada en vuestros cerebros – es un juego de niños comparado con el perreo colombiano.

Este perreo es más propio de la costa; en otras partes del país se lleva más la salsa, la cumbia, el vallenato, el porro… un sinfín de diferentes tipos de música latina.

¿El pop-rock? ¿Qué es ESO?

7) Los animales viven felices y sueltos… hasta que se los comen.

Vacas, gallinas, corderos, chivos… todos juntos y felices, comiendo a deshoras y paseando tranquilos, hasta que les toca pringar. Porque pringar, pringan, que ya lo vimos en el vídeo del silencio de los corderos. Pero al menos no están enjaulados, siendo cebados por máquinas hasta ese momento.

Se les siente felices, con una mirada limpia y el pelo sano.

DSC00316

DSC00295

DSC01354

8) Está permitida la venta ambulante

En Colombia, allá donde mires, hay un vendedor ambulante. Ya os conté aquí que hasta yo me lancé a probar, porque según cómo te lo montes, puedes sacar mucho más dinero que en un trabajo normal. Sólo hay que registrarse en el ayuntamiento y listo. Y además, cual alfombra de El gran Lebowski en su salón, da ambiente a la ciudad.

Creo que si en España se pudiera hacer – de momento este tipo de venta sólo está permitida en mercadillos, ferias, eventos, etc. -, otro gallo cantaría. Me parece una muy buena opción en tiempos de crisis o para gente sin estudios. Por lo menos, tendrían la opción de levantar un negocio propio y no depender del trabajo que ofrecen las empresas.

Y no creáis que la venta ambulante es algo que está más ligado a los países en vías de desarrollo, porque en Estados Unidos está permitido. Aquí un listado de los foodtrucks más molones de NY:

http://www.gastroeconomy.com/2012/03/los-food-trucks-de-nyc-un-top-ten-para-comer-en-la-calle/

DSC01093

DSC00172

¡Y con esto hemos terminado! No está mal, ocho motivos para que os animéis a conocer el país.

En resumen, lo que he intentado expresaros a lo largo de estas tres entradas, no sé si con el mejor de los aciertos, es que Colombia es un país digno de ser visitado por muchos motivos, que por desgracia quedan deslucidos por la mala prensa que tiene la región: es un país objetivamente hermoso, capaz de complacer al visitante más exigente por su heterogeneidad, lleno de gente alegre, amable, educada y culturalmente diversa, que se muestra más que dispuesta a aceptar al extranjero y enseñar su país; un país donde se disfruta, se baila, se ríe, se bebe y se come; un país donde hasta los animales son felices hasta el último segundo de sus vidas. Un país donde por lo general, creo, la esencia del humanismo – las FARC no deja de ser un movimiento que se creó, originariamente, con un objetivo revolucionario, social, igualitario y de autodefensa campesina – está mucho más presente que en la vieja Europa.

Y ya para terminar, y dejando el debate político para otro momento, sólo anotar que todo el rollo que os he metido se basa, como no puede ser de otra manera, en mis impresiones, siempre personales, a lo largo de estos casi seis meses en el país.

Os dejo con este vídeo que grabé en mi primera semana colombiana, porque creo que representa bien lo que os he venido contando en estas tres últimas entradas – amabilidad, diversidad, baile, música… ¿drogas? – y también lo buenorras que están las titis por aquí.

Las colombianas, sus melenas y sus caderas merecen, sin duda, una entrada aparte.