Archivo | marzo, 2013

‘Blablabla blablabla… The Canyons’, Paul Schrader

20 Mar
Paul Schrader, emocionaíco perdido antes de empezar su charla

Paul Schrader, emocionaíco antes de empezar su charla

Que Paul Schrader es un maestro del guión lo sabemos todos.

Que tiene la cara muy dura, yo no lo sabía hasta el otro día y ahora lo sabréis vosotros.

No aprendí nada de escritura audiovisual; aun así, trataré de narrar la historia como si se tratara de un guión fallidamente estructurado, con el objetivo de no centrarme sólo en vomitar una furiosa invectiva contra su persona.

Leed, amigos. Y, después, os invito a dedicar unos segundos para meditar sobre el bien y el mal.

PD: Harvey, el bien. Paul, el mal.


PLANTEAMIENTO

INT. SALA DE PRENSA DEL FESTIVAL DE CARTAGENA. DIA

Paul Schrader, conocido guionista de películas tales 
como Taxi Driver o Toro Salvaje, y director de 
Aflicción o Auto Focus, llega a la sala de prensa del 
Festival de Cartagena para dar una clase magistral de 
guión.

Observándole en la distancia, se le nota que es un 
tipo duro de pelar. Su mujer siempre en casa, loca por 
amar, y él de gestos y trato rudo, sin sonreír así le 
maten: mira a los asistentes con cierto tedio, ignora 
los apuntes que educadamente le da el organizador 
del festival y no para de hacer las muecas propias 
de un niño que no quiere comer.

Yo aun así pienso: “¡Ay, Paul! Menudo genio tienes… 
¡estás hecho un genio geniudo!”. Y me río un poco.

Al instante me doy cuenta de que no ha tenido ni puta 
gracia. Intento recordar si lo he dicho en alto, pero 
juraría que no. 

Me siento como el viejo de Community. Me 
doy tanta ternura que me quiero abrazar muy fuerte.

Primer punto de giro: 

El guionista saluda y empieza la charla pronunciando 
una frase que le dará un inesperado giro a los 
acontecimientos: “Supongo que podría hablarles de 
guiones, pero es difícil hacerlo en la actualidad, 
pues estamos asistiendo a un cambio en la definición 
de película”.  

Sin duda, una rotunda declaración de intenciones 
que estremece a más de un asistente, ansioso por 
encontrar en sus palabras el impulso definitivo para 
terminar el guión que languidece en el cajón de 
su escritorio. 

“Ay, Paul, qué cosas tienes… ¿con qué nos vas a 
salir ahora?”, pienso. Bueno, en mi cabeza digo ahorita, 
pero me da cierta vergüenza admitirlo, así de 
primeras. 

NUDO

Con este cambio empieza el nudo de la trama, 
cuerpo principal de lo que sería su insufrible 
clase – que yo aún creía magistral -. 

No voy a alargarme demasiado en lo que en ella se 
dijo, porque creo que con un breve resumen tendréis 
más que suficiente: Paul Schrader no hablaría 
de su experiencia como guionista, ni de tramas, 
subtramas o construcción de personajes. 

No lo hizo, porque no le dio la gana. 

Pero puso las siguientes excusas: 

- No podemos hablar de guión clásico porque 
2013 es el nuevo 1913 y todo está empezando
de nuevo: la manera en que se producen, 
promocionan y distribuyen las películas. 

- No podemos hablar de guión clásico porque 
en estos tiempos hay una crisis de forma. 
Cuando él empezó había una crisis de contenido. 

- No podemos hablar de guión clásico porque 
actualmente ni siquiera sabemos qué es una película: 
¿son los vídeos de youtube películas? 

- No podemos hablar de guión clásico porque 
ahora todo el mundo puede ser director: sólo 
basta con tener una cámara y talento. El dirigir 
se aproxima cada vez más al arte solitario de la 
poesía y se aleja de lo industrial. 

- No podemos hablar del guión clásico porque hoy 
en día las películas presentan muchas formas: se 
pueden grabar o rodar en distintos formatos, con 
diferentes cámaras, colores (sic)… todo depende de 
la genialidad del director. 

- No podemos hablar del guión clásico porque prefirió 
malgastar nuestro tiempo haciéndose grandes preguntas 
de la humanidad, tales como: ¿serán los espectadores 
siempre pasivos, o por el contrario terminarán 
interactuando con la película? 

Incrédula y homenajeando a Matías Prats en su día de 
furia, me digo: “¿Pero esto qué es? ¿Pero ESTO QUÉ ES?”. 

Segundo punto de giro: Les pondré un ejemplo personal para que lo comprendan 
mejor: mi  nueva película The Canyons” 

No contento con dedicar cuarenta minutos a lo de 
antes, que todos sabemos o intuimos de alguna 
manera, dedica los interminables y últimos veinte a 
hablar de su nuevo proyecto: THE CANYONS. Con guión 
de Bret Easton Ellis y Lindsay Lohan en el papel 
protagonista,  resulta ser el perfecto paradigma para 
entenderlo: la hicieron con poco presupuesto, fuera 
de estudios, promocionándola por redes sociales y la han 
vendido a VOD. 

Y aquí es cuando me empiezo a cagar en la puta, porque 
algo me dice que eso no está bien. 

DESENLACE

Este revelador punto de giro llevaría al desenlace, 
donde todo cuadraría y cobraría un sentido que el 
oyente era incapaz de descifrar hasta ese momento: y 
es que ése, y no que el cine esté cambiando, es el 
motivo por el que no habló de la estructura clásica 
del guión, ni de Taxi Driver o del cine de los 70. 

Por ese único motivo hizo una charla vergonzosa en la 
que no habló de nada: para tener un marco en el que 
poder vendernos su nueva película y que saliera en las 
notas de prensa.

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EPÍLOGO

Este sorprendente final, que nada tiene que envidiarle a Seven o Sospechosos Habituales, no tomó forma en mi cabeza de manera inmediata: el fanatismo que sentía por este señor me impidió ver, con la claridad que se merecía, su esperpéntico discurso .

No fue hasta que me trinqué la charla por SEGUNDA VEZ, tomando NOTAS, cuando empecé a rabiar por el tiempo perdido y me di cuenta de que aquello tenía de magistral lo que yo de bailarina clásica.

Mitificar a la gente así porque sí, tiene estas cosas. No caigáis en mi error: ¡pensad que Punset puede ser un idiota integral! ¡Gandhi, también!

En fin, Paul Schrader, lo bueno de todo esto es que, como la nueva fan despechada que soy, por fin puedo decirlo en alto, sin angustias ni remordimientos:

¡CAT PEOPLE ES UN BODRIO!

 

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‘New talent is exciting’, Harvey Keitel

11 Mar
El actor durante su coloquio en Cartagena

El actor durante su coloquio en Cartagena

Decenas de fans y periodistas se agolpan impacientes a las puertas del Teatro Antonio Heredia de Cartagena; algunos de ellos miran su reloj, exagerando descaradamente el gesto con la clara intención de que los organizadores del festival noten su descontento.

Y es que ya debería haber empezado uno de los platos fuertes del certamen: el tributo, ni más ni menos, que al gran Harvey Keitel.

Se abren por fin las puertas del teatro y la gente corre, con toda la fuerza del verbo, hacia el patio de butacas; parece como si hubieran rejuvenecido veinte años, demostrando una agilidad y destreza fuera de serie a la hora de elegir el asiento mullidito en el que aposentarán su trasero  por algo más de una hora. Con la ansiedad que esto genera, Mayita y yo intentamos hacernos con un buen lugar entre los que quedan libres: optamos por la mitad del teatro, para que nuestras posibilidades de ver bien al homenajeado sean por lo menos del 50%.

Ya sentadas, tomamos aliento, un poco de agua y nos felicitamos por haber salvado el contratiempo. Mientras chocamos los cinco cual negras del Bronx, la gente se lanza a aplaudir de contento. Por un segundo pienso que es por lo bien que ha quedado nuestro ambicioso y cómplice gesto, pero enseguida me doy cuenta de que ha llegado el momento. Nos damos la vuelta y allí está: Mr. Harvey Keitel, avanzando por el pasillo al más puro estilo Reservoir Dogs, con traje negro, gafas semiopacas… y chancletas.

Le acompañan su joven esposa Daphna Kastner y su hijo de ocho años, que se da un aire al niño de Jerry Maguire. “Qué majos”, pienso. No es una familia convencional, y puede que justamente por eso se les note la mar de contentos y bien avenidos. Mi perspicacia, un poco de psicóloga de pacotilla, todo sea dicho, quedará confirmada cuando Harvey le regale unas tiernas palabras de amor a su mujer, seguramente queriendo hacerle un guiño a Serrat: “La vida puede llegar a ser como el cine: crees que ya se está acabando la película, y de pronto encuentras al amor de tu vida a los sesenta”.

Harvey es listo y, además, se nota que sabe sacarle partido a esta ventaja genética: le gusta hablar de la vida, de la importancia de realizarse como persona, de luchar por los sueños, asumir las derrotas y volver a levantarse: “si quieres hacer algo bien, tienes que esforzarte y sacrificar cosas. Me gusta mucho ese pensamiento budista que dice que la meta es el viaje”. Tiene un aire de filósofo chino, algo de zen, de budista… de esas religiones que están por ahí a la derecha. Es judío, sí, pero, como él mismo dice, comentando su relación con Martin Scorsese: “Los dos somos creyentes y hemos experimentado los mismos conflictos religiosos. Él es católico y yo, judío, pero ambos pertenecemos a la iglesia que lucha por lo que está bien. Es más un código moral que una religión formal”.

Tiene, como pudiera esperarse de un actor de su nivel, el temple, la profesionalidad y la corrección de alguien que sabe lo que está haciendo, aunque en ocasiones no pueda evitar soltar una torpe risita y desviar preguntas, dejando a la pobre periodista en una situación difícil: “Cariño, ¿quieres contestar tú ésta?”, le dice a su hijo cuando le preguntan sobre si se le pegó algo de la tierna relación padre-hijo que mantiene con De Niro en Malas Calles. “Es tu momento”, le anima, provocando la risa del público y aprovechando para pasar a la siguiente cuestión.

No hay entrevista al actor en la que no se hable de Reservoir Dogs, película que ayudó a producir; sobre ello, comenta: “Lo hice porque trabajar con gente joven y talentosa es excitante. En sólo una escena se puede conocer la genialidad de un director. Por eso son tan importantes festivales como éste, para que los directores noveles puedan mostrar su trabajo”. A colación de esto, aprovechó para darles un consejo: “No hay que olvidar que hacer películas es un negocio, y que para un productor soltar el dinero siempre es difícil. Por tanto, es mejor que sea poquito. Si es poco, mucho mejor. La vida conlleva sacrificio. Rodar y llegar a hacerlo bien, también. Podéis estar seguros de ello.”

Para finalizar el coloquio, demuestra diplomacia y vuelve a su estado zen cuando le preguntan con cuál de sus películas ha quedado más decepcionado: “en general, puedo decir que he sido muy afortunado. Por supuesto que hay películas que han quedado mejor y otras peor. Y no sabes por qué. Hay veces en que todo el mundo trabaja mucho y muy duro para que quede bien y simplemente el resultado final no funciona. Los fracasos son fracasos, es parte de la vida”.

Así terminó Harvey la entrevista: tirando balones fuera y dando ánimos en todo momento a los jóvenes. Tiene, efectivamente, algo de coach, de gran jefe indio, de Maestro Miyagui. Así nos dejó, con ganas de comernos el mundo, pero ya solos, sin su presencia.

Recordando lo mucho que me había gustado escucharle, envalentonada por sus palabras y un poco borracha, se me ocurrió hacerle mi particular homenaje con el Movie Maker, un programón que tengo para editar.

Espero que os guste, y que él no lo vea nunca.

Festival de Cine de Cartagena de Indias 2013

8 Mar

Aprovechando la visita de Mayita, fuimos al Festival de Cine de Cartagena de Indias para disfrutar de su quincuagésima tercera edición, a la que estábamos acreditadas con este vuestro blog, y de cuyas bondades disfrutamos ampliamente.

Cartagena o Festival de Cine son dos palabras que ya de por sí apetecen, pero si además las juntas en una misma oración producen un estallido de felicidad similar, en fuerza e intensidad, al que genera  para los aleccionados oídos de un valenciano la traca final de una Mascletà; un subidón capaz de hacerte saltar de emoción y expresar, con empeño aunque sin demasiada originalidad: “qué guay, me ha gustado mucho, quiero más”.

Y es que Cartagena, amigos, es mucha Cartagena.

Foto que deja bastante que desear 1. #osjuroquemola

Foto que deja bastante que desear 1. #osjuroquecartagenamola

Foto que deja bastante que desear 2. #deverdadqueestáguay

Foto que deja bastante que desear 2. #deverdadqueestáguay

Esta foto tiene un amarillico vibrante. #esmejorverla

Esta foto tiene un amarillico vibrante, ¿eh?. #buscadengooglemejor

No tengo grandes fotos, no me lo explico, pero la ciudad es muy bonita; resulta difícil describirla sin caer en lo típico, pues se trata de una ciudad colonial de libro, dentro de cuyos concisos límites fortificados nada es feo. Ya sabéis, un poco lo de siempre: una muralla con cañones, casas coloniales de vivos colores, balcones floridos, grandes plazas donde se asientan los monumentos más importantes de la ciudad, calles adoquinadas, carruajes tirados por caballos que, cual góndolas en Venecia, sirven más que nada para sacar dinero a los turistas… y así. Una ciudad preciosa, que cuenta además con un gran valor añadido: el Caribe. Porque, por lo la descripción de arriba, bien podría tratarse Sevilla, pero no, pues en Cartagena se respira caribeñismo a tope, con todo lo bueno que eso conlleva: playa, sol, cocos helados, frutas tropicales, tardes calurosas que se digieren mejor con la brisa del mar azotándote en la cara y una cerveza fría bajando por tu garganta… Sí, amigos, podríamos asegurar que en Cartagena tanto los lunes, como los martes y los miércoles, son los nuevos jueves. Para el turista con dinero, claro, porque si vienes a esta ciudad en plan mochilero, te la pierdes: cuesta aproximadamente el triple que cualquier otra ciudad colombiana y los vendedores se las saben todas.

¡Al fresco!

Señor estresado por la venta de cocos

Estas titis me hicieron comprarles fruta por la foto. Así se las gastan en Cartagena

Señoras que venden frutas y dan un poco de miedo

Así, tenemos una ciudad que mola y un festival de cine: uno que lleva 53 ediciones de recorrido y en el que, por tanto, sus organizadores saben lo que se hacen.  Uno de sus puntos fuertes es que es completamente gratuito, con el objetivo de que sus habitantes, y medio país, puedan disfrutar del mismo – eran muchos los colombianos que llegaban a la ciudad animados por el perfecto plan Cartagena caribeña + siete días de pelis por la cara -.

La ciudad es pequeña, por lo que resulta muy fácil ver un gran número de películas. En los siete días que duró el festival, hubo 290 proyecciones repartidas en diez salas: cinco en el centro histórico y otras cinco en unos cines cercanos a tan sólo diez minutos en taxi. Desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, se podía disfrutar de diferentes géneros: ficción, documental, cortometrajes, Colombia al 100% – una nueva sección en la que se mostraba lo mejor del cine colombiano -, Gemas – donde se proyectaron las películas más premiadas del 2012 -, y las retrospectivas de los invitados especiales de este año: Harvey Keitel, Paul Schrader y Julio Medem, así como las de otros autores como Vittorio De Sica o Raoul Peck. Cine para todos los gustos, gratis y sin largas colas de espera.

La acreditación aportaba preferencia en algunas sesiones y la posibilidad de asistir a las ruedas de prensa, charlas y fiestas regadas con alcohol gratis que se daban cada tarde, con el fin de que la gente hiciera contactos. Estas fiestas eran las Happy Hour y, efectivamente, eso de que nos dieran copas de vino por el morro durante dos horas, nos hacía muy felices a las dos.

¡La buena vida, señores!

El mismo día que empezaba el festival fuimos a recoger, entusiasmadas, nuestras acreditaciones a la sala de prensa. Ni cortas ni perezosas, pedimos también entradas para la Gala de Inauguración, que contaría, sin saberlo todavía, con Harvey Keitel y familia, y el mismísimo presidente de Colombia: Juan Manuel Santos.

Tener un carnet con mi nombre, foto y el nombre del blog me hacía mucha ilusión, no os lo voy a negar. A Mayita, como podéis comprobar, también.

Tener un carnet con mi nombre, foto y el nombre del blog me hacía mucha ilusión, no os lo voy a negar. A Mayita, como podéis comprobar, también.

Allí estábamos, exfoliadas, hidratadas y monísimamente sentadas en nuestros sitios, cuando los vimos aparecer. Nuestras vecinas de atrás recibieran a Harvey diciendo: “Ése debe de ser el actor gringo superconocido”. Yo, como la fanática que soy en general de la gente que mola en particular, me puse a gritar y me levanté para intentar grabarle un poco bien, pero sólo le pillé el cogote. Minutos después, apareció Santos: “Madre mía, pero si es el presidente”, dijimos las dos, flipando. Los colombianos que teníamos alrededor no parecían demasiado entusiasmados, pero para nosotras, que un presidente abriera un festival era algo bastante inaudito. Harvey Keitel también lo apuntaría al día siguiente en su coloquio: “Es la primera vez en mi vida que veo a un presidente inaugurando un festival de cine: mi aplauso para él”. Y la verdad es que el tío le puso empeño al asunto, que se cascó un discurso de memoria la mar de majo.

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Al presidente de Colombia le gusta el cine, o al menos lo parece, e hizo hincapié en las muchas medidas que su gobierno está impulsando para que se ruede en Colombia, entre las que se encuentra el “Fondo Fílmico Colombia, dotado con recursos de 25 mil millones de pesos – casi 11 millones de euros –  para devolver a quienes hagan películas en nuestro país hasta el 40 por ciento de los gastos realizados en Colombia que tengan que ver con aspectos cinematográficos y hasta el 20 por ciento de sus gastos logísticos, como alimentación, transporte y alojamiento”. Para finalizar su discurso, el titi, sin ninguna vergüenza y haciendo un pequeño homenaje a Paul Schrader, invitado que llegaría a Cartagena en los siguientes días, imitó a De Niro en Taxi Driver: “Are you talkin’ to me? Are you talkin’ to me? Sí, señores productores del mundo, les hablamos a Ustedes, porque es el mejor momento para hacer cine en Colombia”.

Ole sus cojones.

Lo cierto es que las medidas son impresionantes, sobre todo comparándolas con las casi nulas que ofrece España en estos momentos. En mi opinión, que un país entienda la importancia del cine –  como por ejemplo, servir de escaparate ante el resto del mundo – dice mucho de su cultura. Por cierto, si hay algún productor en la sala, al parecer la mejor jugada es coproducir con otro país latino, como Perú o Ecuador, y rodar en Colombia. Ayudas por todos lados. ¡La peli casi regalada!

Tras la charla del Presidente, se estrenó la película Roa, del director colombiano Andrés Baíz, uno de los más jóvenes y prometedores del país, artífice también de La cara oculta.

Al tratarse de la cinta que inauguró el festival, vamos a darle un poco de cancha: Roa narra uno de los sucesos políticos más importantes del último siglo en Colombia: el asesinato en 1948, a manos de Juan Roa Sierra, del político liberal Jorge Eliécer Gaitán, abanderado de los derechos de los obreros, quien iba a ser con casi total seguridad el próximo presidente de Colombia. Su muerte desató El Bogotazo, una serie de exaltadas revueltas por las calles de la capital colombiana, en las que se exigía la renuncia del presidente conservador Mariano Ospina Pérez,  y que terminó contagiándose a todo el país. Esta rebelión, junto con la pesadumbre que provocó el asesinato de uno de los líderes liberales más carismáticos de todos los tiempos,  inició el período de La Violencia, que todavía hoy perdura.

La película no está mal – con vosotros, mi nueva faceta como crítica de cine -, aunque no termina de cumplir con sus objetivos: narrada desde el punto de vista del victimario y sus motivos para perpetrar el crimen, lo cierto es que ni su vida ni sus razones para hacer lo que hizo son tan apasionantes como para dos horas de metraje; no obstante, no se puede negar  que tiene un final emocionante – todo esto, sin despeinarme  -.

Así de bien nos recibió Cartagena, mucho mejor de lo que hubiéramos podido intuir. Los siguientes días hicimos una mezcla de turismo y festival: asistimos a muchas proyecciones, en su mayoría documentales, visitamos la ciudad, asistimos a los happy hour como profesionales que somos, y nos dimos nuestros homenajes a la hora de cenar. Entre lo que vimos, destacar “La eterna noche de las doce lunas”, documental que narra la práctica de encierro durante un año a las niñas wayúus, cultura indígena de la Guajira, tras su primera menstruación. O Sibila, ganadora del Premio Especial del Jurado, y en la que su directora Teresa Arredondo narra, a través de los testimonios de sus familiares, la implicación de su tía Sibila en la organización comunista Sendero Luminoso, por la que fue encarcelada.

Por supuesto, las charlas con Harvey Keitel y Paul Schrader eran de asistencia obligada. No creáis que ignoro a Julio Medem, que me parece bien, pero por desgracia, no coincidimos en fechas.

Sobre lo que en ellas se habló, versarán las dos próximas entradas.