Puesta al día: llegada a Ecuador

2 Abr

Esta entrada hay que leerla con su respectiva banda sonora, amigos. Además de escuchar buena música, conseguirá poneros a tope, y puede que hasta quizá freguéis a buen ritmo los platos que esperan ansiosos, en la cocina de vuestras casas, la duchita caliente propia de la loza:

¿Ya le habéis dado? ¿No? Venga, va, no seáis así.

Es parte de la entrada.

Hasta diría que cosas como ésta son parte de LA VIDA. ¿Cuándo será la próxima vez que podáis leer una entrada de ECUADOR escuchando un tema que se llama ECUADOR?

Tras este argumento, ahora sí: dadme vuestra mano, vámonos al viaje para buscar los sonidos mágicos.

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Aunque probablemente no lo hayáis notado, durante toda mi convincente exposición de arriba he estado hablando en ecuatoriano, que así leído no se nota, pero oído es muy gracioso: hablan con un soniquete agudo, como pequeños duendecillos rogándote amistad. De momento, esto es lo que os puedo contar de Ecuador. Eso, y que tras mi paso por Colombia, vuelvo a estar buena.  Si queréis, ya podéis parar a Sash, porque estos son los dos únicos datos que he recabado en mi semana ecuatoriana.

¿Y por qué nos cuentas tan pocas cosas, mamarracha? ¿Dónde quedó esa Arti analítica  y profunda de las entradas mexicanas y colombianas? Sigo siendo tope profunda, amigos, no os creáis que este viaje me ha vuelto una superficial de mierda. Ahora leo poesía y movidas tochas, entre las que incluyo La sombra del viento en ALEMÁN. Que se llama Der Schatten des Windes, claro.

Sin embargo, el tono del viaje ha cambiado. Yo no puedo permitirme estar siempre de paseo, así que a partir de ahora el rollo será viajar trabajando, por lo que mis conocimientos turísticos imagino que se verán mermados. De momento, como he estado buscando trabajo y piso, no os puedo contar casi nada de Quito, salvo que es chiquito, no hay mosquitos y supongo que también menos periquito que en Colombia.

Viajar trabajando mola, porque te pasan cosas mucho más guays que estando tirada a la bartola. Y a pesar de lo que podáis pensar, me gusta sentirme útil y hacer las cosas bien. Y que me dan panoja por ello, claro.

Pero a ver, a ver, a ver… ¿y qué pasa con Colombia, mamarracha? ¿No había un riesgo de que te quisieras quedar o no sé qué?

Colombia mola, y aun he de contaros más cosas de allí – Medellín y Pablo Escobar, por ejemplo -, pero sin duda uno de sus GRANDES puntos en contra es que es un país caro para ser Latinoamérica, al nivel casi español, en cuanto a arriendos y supermercado se refiere, mientras que los sueldos no dejan de ser latinos. En Colombia hay graves problemas por este tema: la gente mira hasta el último centavo, porque el sueldo no les da para vivir – entendamos vivir como poderte ir a tomar unas cervezas con los amigos también-.

Y eso, amigos, para mí no es vida. Al menos, una vida a la que de momento aun puedo renunciar.  Demasiados años he pasado ya siendo ordenada, haciendo lo que se esperaba de mí y manteniéndome solita. Así que, en un ataque de rebeldía, con su consiguiente ataque de ansiedad, decidí que por ahí no pasaba, que me llevaba un trocito del país – a Javier – y seguíamos viajando y trabajando, conociendo cómo está la cosa en otros sitios, donde, todo indicaba, el nivel de vida sería más asequible. Y no nos equivocamos.

Con ésas, nos vinimos a Ecuador.

¡ECUADOORRRR!

Aquí, con lo que ganas puedes hacer cosas, incluso ahorrar, siempre que lleves una vida ordenada. Y la buena noticia es que los dos hemos conseguido trabajo en tres días, gracias a un contacto que me pasó mi amiga Xiana: Javi está como cocinero en dos restaurantes y yo como mesera – esta vez de las buenas, de las que no tienen que hacer felaciones – en un asiático al que van clientes extranjeros y dejan grandes propinas. Yo trabajo tres días a la semana y con lo que gano me mantengo bien, además de tener tiempo libre para hacer mis cosas. ¿Y qué cosas son ésas, mamarracha? Aaaaah, pues mis cosas. Si van saliendo, no os preocupéis que ya os daré por saco y os enteraréis.

El restaurante donde estoy es una especie de Cheers, con una barra cuadrada y cerrada en la que se sientan todos los clientes habituales: irlandeses, australianos, canadienses, escoceses, ingleses, americanos… De todo. Así que estoy haciendo un oído que ni Beethoven, además de practicar mi inglés y aprender a sonreír como una pequeña zorrita para sacar más propinas – ahora entiendo más que nunca a las travestis y la fina línea que separa a la camarera de la prostituta -.

En mi primer día de trabajo, llegó un motero americano, que era igualito a Tig de Sons of Anarchy, pero más mayor.

Si no me llevo más hostias es porque soy mujer

Si no me llevo más hostias es porque soy mujer

Entre el entusiasmo que tenía por empezar a trabajar y ver a un verdadero motero tranquilo, toro salvaje, me senté a su lado y empecé a decirle que era muy fan de Sons of Anarchy y le pregunté si la vida de los moteros era así.

A tope.

Punto y aparte.

Lo sé. Y no entiendo por qué lo hice. Creo que eran los nervios de conocer a un real biker. Unido a que cuando estoy nerviosa parezco subnormal.

Como no podía ser de otra manera, el pobre señor se me cerró en banda. Me dijo que algunos clubes actuaban al margen de la ley, pero que no era su caso. Se hizo un silencio muy tenso, durante el cual pensé “¿me vas a matar? porque seguro que has matado a alguien, transportado armas o cocaína, o las tres cosas a la vez…”, le sonreí, maldije a Kurt Sutter y le ofrecí otra cerveza. El señor me dijo que no, que le diera la cuenta.

No tips this time.

De momento así están las cosas por aquí, haciendo amigos nuevamente. Pero esta vez muy contenta, con trabajo, casa y nuevos proyectos en mente.

¡Seguiremos informando!

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8 comentarios to “Puesta al día: llegada a Ecuador”

  1. Cris Rasillo 02/04/2013 a 10:56 pm #

    Mamarracha, aunque todos lo entedamos perfectamente, en español disponemos de la palabra “estadounidense” para referirnos a los “americanos” de Estados Unidos. Ya sé que los yanquis carecen de un gentilicio apropiado para designarse a ellos mismos, pero nosotros somos así de chulos y tenemos más recursos. Americanos son todos los de América: los colombianos, ecuatorianos, mexicanos, canadienses, etc. Besos mil

    • Ártemis Montoya 05/04/2013 a 5:13 pm #

      ¡Amor! Qué perfección lingüística la tuya… ¡juro recordarlo para la próxima!

  2. Miquel 03/04/2013 a 3:50 am #

    En ocasiones me entran unas ganas locas de salir a tu encuentro, no para encontrarte, para seguir la estela que estás marcándote, dulce artinata…. Ya nos contarás cómo te influencian los muchos volcanes que hay en la zona y que para algunos amigos lo convierten en uno de los países más hermosos de sudamerica

    • Ártemis Montoya 05/04/2013 a 5:16 pm #

      Miquel, ¡qué ilusión tu mensaje! Ya me estoy enterando de qué es lo que hay que ver por aquí… El Cotopaxi, al menos, será de visita obligada, y os lo contaré todo. Molts petons!!

  3. Ana Ruiz Montoya 03/04/2013 a 10:27 am #

    Genial Arti! sigue contando en cuanto puedas. Es maravilloso leerte.

  4. neus vcia 03/04/2013 a 11:29 am #

    estás como una cabraaa! pero ric molt. Gràcies arti
    ps.- periquito no nhi haurà, però plantas, cactus, lianas y otras cosas de etnobotánica, fijo. Haberlas, haylas!

    • Ártemis Montoya 05/04/2013 a 5:19 pm #

      ¡Jajaja, neus! Estamos a tope en general con las lianas tarzaneras, los volcanes y los ecuatos. Hay que darlos a conocer, hombre ya.

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